El verano llega con días largos, rutinas más flexibles y mucho tiempo libre. Los niños en las vacaciones puede tener una etapa maravillosa, pero también un momento en el que, si no se acompaña con cierta estructura y atención emocional, pueden aparecer dificultades como aburrimiento excesivo, irritabilidad, cambios de humor o dependencia de las pantallas.
Desde la psicología infantil, el verano es una gran oportunidad para fomentar el bienestar, el desarrollo emocional y la conexión familiar… siempre que sepamos encontrar el equilibrio entre descanso, juego, actividad y cuidado mental.
El mito del “todo vale en verano”
Es normal relajar horarios o bajar el ritmo después de un curso escolar intenso. Sin embargo, muchas veces esto se traduce en una completa falta de límites o de estructura. Los niños, aunque no lo parezca, necesitan un marco seguro: saber a qué atenerse, qué se espera de ellos y cuándo. La falta de rutina mantenida durante varias semanas puede desorganizar su ritmo interno, alterar el sueño y afectar a su estado emocional.
Tener más libertad no significa dejar que todo fluya sin guía. De hecho, el equilibrio entre flexibilidad y estructura es clave para que disfruten sin perder seguridad.
Pantallas: ni demonizarlas, ni convertirlas en la babysitter de verano
Una de las grandes batallas de muchas familias de los niños en las vacaciones son las pantallas: móvil, tablet, televisión, consola… Al haber más tiempo libre, el uso suele aumentar. Pero es importante tener en cuenta que un uso excesivo o descontrolado puede afectar a su concentración, a su estado de ánimo e incluso generar ciertos patrones adictivos o dependencias emocionales.
Algunas recomendaciones básicas:
- – Establece límites claros: horarios, duración y momentos del día
- – Evita las pantallas justo antes de dormir
- – Acompaña el uso (comenta lo que ven, juega con ellos si es posible)
- – Fomenta el uso creativo frente al consumo pasivo
- – No uses la tablet como castigo o recompensa constante
No se trata de prohibir, sino de educar en un uso consciente. Recuerda que, como adultos, somos su principal referente: si nosotros estamos todo el día con el móvil, será difícil que interioricen un uso saludable
Deberes sí, pero con cabeza
Otro tema recurrente es: ¿tienen que hacer deberes en verano? La respuesta no es única. Algunos niños necesitan reforzar ciertos aprendizajes, otros simplemente mantener el hábito de lectura o escritura, y en otros casos puede ser más importante que simplemente descansen.
Lo ideal es evitar convertir el verano en una extensión del curso escolar. Más que tareas mecánicas, puedes ofrecer propuestas más libres y atractivas: diarios de verano, juegos de palabras, experimentos, cuentos, retos de lectura, etc. Lo importante es que no vivan el aprendizaje como una carga constante.
Aprender no solo ocurre en el colegio. Cocinar, hacer una excursión, cuidar una planta o escribir postales también son formas de crecer y desarrollar habilidades.
Juegos, aburrimiento y creatividad
En verano hay tiempo… y también momentos de “me aburro”. Y no pasa nada. Es más, es sano. El aburrimiento es el punto de partida de muchas actividades creativas, juegos espontáneos o reflexiones internas. Si tratamos de rellenar cada minuto con estímulos, les privamos de ese espacio tan necesario para imaginar, crear y conocerse.
El juego libre (no estructurado, sin un objetivo concreto ni intervención adulta) es fundamental para el desarrollo emocional. Permite que expresen emociones, resuelvan conflictos simbólicos y gestionen la frustración. Así que, aunque pueda parecer “tiempo perdido”, es una inversión en su salud mental.
Rutinas ligeras pero presentes
Conexión emocional: aprovechar el tiempo juntos
Más allá de horarios, lo más valioso que podemos ofrecer en verano es presencia emocional. Estar disponibles, aunque no sea todo el día. Validar lo que sienten, conversar sobre lo que les interesa, jugar un rato sin prisas… eso deja huella y fortalece el vínculo.
El verano puede ser una oportunidad preciosa para reconectar como familia, conocernos mejor y trabajar habilidades como la empatía, la gestión emocional o la resolución de conflictos desde el día a día.
Cuidar la salud emocional de los niños en las vacaciones
El bienestar emocional de los niños en las vacaciones no descansa. Y aunque el verano puede traer descanso y diversión, también puede activar emociones difíciles, cambios de humor o dificultades de adaptación.
Si notas que tu hijo o hija está más irritable, apático, muy dependiente de las pantallas o con cambios de conducta importantes, puede ser un buen momento para pedir ayuda profesional.
En Esther, Mi Psicóloga contamos con un equipo especializado en psicología infanto-juvenil, que puede ayudarte a entender lo que está pasando y acompañaros a encontrar nuevas herramientas para cuidar de su salud emocional.


