Uno de los objetivos más habituales y que más se trabajan en terapia es “sentirse bien con uno mismo”. Ante esta demanda es importante definir dos conceptos: qué es la autoestima y cómo funciona esta.
La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos y la forma en que nos sentimos respecto a quiénes somos, nuestras capacidades y nuestras limitaciones. Una autoestima saludable no implica pensar que somos perfectos, sino aprender a aceptarnos y tratarnos con respeto y amabilidad incluso cuando cometemos errores y o las circunstancias son complejas.
El funcionamiento de la misma se ajusta al momento por el que atravesamos, es decir, la autoestima no es un estado estático, fijo y permanente.
Sentirse bien no significa estar feliz todo el tiempo ni tener una autoestima perfecta. Más bien, se trata de desarrollar una relación sana con uno mismo, basada en la aceptación, el respeto y el cuidado personal.
El bienestar emocional comienza precisamente cuando aprendemos a tratarnos con la misma comprensión y amabilidad que ofrecemos a quienes queremos.
Aquí dejamos unas cuantas pinceladas, si desde hoy quieres empezar a trabajar en la relación más importante, la que es contigo.
Habla contigo como hablarías con alguien a quien quieres
A menudo utilizamos un lenguaje interno mucho más duro y exigente con nosotros mismos que con personas externas. Esto tiene un claro impacto emocional en nosotros. Practicar este lenguaje interno de un modo más respetuoso no significa dejar de reconocer los errores, sino aprender a hacerlo desde la comprensión y no desde el castigo.
Deja de compararte constantemente
Las comparaciones suelen centrarse en las fortalezas de los demás y en nuestras propias debilidades, generando una visión poco realista y muy injusta de nosotros mismos. Cada persona tiene su propio ritmo, circunstancias y recorrido vital. Recordarlo puede ser un paso importante para reducir la presión y avanzar hacia una mayor satisfacción personal.
Reconoce tus logros, incluso los pequeños
Con frecuencia prestamos mucha atención a aquello que no hemos conseguido y muy poca a lo que sí hacemos bien. Reconocernos esos pequeños logros (terminar una tarea pendiente, afrontar una conversación difícil o dedicar tiempo al autocuidado) merecen su atención. Valorar estos avances favorece la sensación de eficacia personal y contribuye a construir una imagen más equilibrada de uno mismo.
Aprende a poner límites
Decir “sí” a todo para evitar conflictos o agradar suele tener un coste emocional importante.
Poner límites saludables no es un acto de egoísmo, sino una forma de proteger nuestro bienestar y nuestras necesidades. Aprender a expresar lo que necesitamos y lo que no estamos dispuestos a aceptar es una habilidad fundamental para las relaciones sanas.
Cuida tus necesidades básicas
Dormir adecuadamente, alimentarse de forma equilibrada, realizar actividad física y reservar tiempo para el descanso tiene un impacto directo sobre el bienestar psicológico.
Aunque pueda parecer evidente, cuando atravesamos periodos de estrés o ansiedad solemos descuidar precisamente estos aspectos. Recuperarlos puede marcar una gran diferencia en cómo nos sentimos.
Permítete cometer errores
El perfeccionismo suele transmitir la idea de que equivocarse es un fracaso, cuando en realidad los errores forman parte del aprendizaje y del crecimiento personal. Aceptar la posibilidad de equivocarnos reduce la autoexigencia y nos permite actuar con mayor libertad y flexibilidad.
Dedica tiempo a actividades que disfrutes
Las obligaciones y responsabilidades pueden hacer que el ocio quede relegado a un segundo plano. Sin embargo, realizar actividades agradables no es un lujo, sino una necesidad psicológica.
Rodéate de relaciones que te aporten bienestar
Las relaciones interpersonales influyen enormemente en cómo nos percibimos a nosotros mismos. Las personas que nos apoyan, nos respetan y nos hacen sentir valorados favorecen nuestro crecimiento personal.
Practicar la gratitud
Dedicar unos minutos al día a identificar aspectos positivos de nuestra vida, por pequeños que sean.
Pide ayuda cuando la necesites
A veces, a pesar de nuestros esfuerzos, las dificultades para valorarnos o sentirnos bien con nosotros mismos persisten en el tiempo y terminan afectando a diferentes áreas de nuestra vida.
Buscar apoyo psicológico no es una señal de debilidad, sino una forma de cuidado personal. La terapia puede ofrecer herramientas para comprender el origen de determinadas dificultades, fortalecer la autoestima y continuar avanzando en el proceso de crecimiento personal.


